ARTÍCULO 8: “¿Puede un cristiano amar a Jesús y rechazar a Israel”
- octubre 24, 2025
- Publicado por: Noemí Fernandez
- Categoría: Artículos
“¿PUEDE UN CRISTIANO AMAR A JESÚS Y RECHAZAR A ISRAEL?”
INTRODUCCIÓN
Amar a Jesús es amar lo que Él ama.
“Si me amáis, guardad mis mandamientos.” — Juan 14:15
Una de las pasiones más profundas del corazón de Jesús es la salvación y restauración de Israel:
“¡Jerusalén, Jerusalén… ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!… Desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.”
— Mateo 23:37–39
En un tiempo donde muchos rechazan a Israel, los cristianos necesitamos entender nuestro papel profético en este plan eterno. Amar a Jesús implica amar Su Palabra (Jeremías 29:4), cuidar nuestra identidad espiritual (Oseas 4:6) y amar al pueblo con el que seremos uno en el Mesías:
“Si tú fuiste cortado del olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más estos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?”
— Romanos 11:24
JESÚS, EL CUMPLIMIENTO PROFÉTICO DE ISRAEL
El pacto de Dios con Abraham es eterno:
“Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.” — Génesis 12:2–3
Y Su elección hacia Israel es inmutable:
“Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová te ha escogido para serle
un pueblo especial.” — Deuteronomio 7:6
Jesús no vino a reemplazar ese pacto, sino a cumplirlo y extenderlo:
“No he venido a abrogar la Ley, sino a cumplirla.” — Mateo 5:17
Su vida, muerte y resurrección abrieron el camino para que las naciones participen de las promesas dadas a Israel.
Pero Su regreso está ligado al reconocimiento de Israel:
“Desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del
Señor.” — Mateo 23:39
Jesús volverá a Jerusalén. Su trono estará en Sion, desde donde establecerá Su Reino sobre Israel y las naciones (Zacarías 14:4; Hechos 1:11).
JESÚS, EL BUEN PASTOR DE ISRAEL
Desde Génesis hasta Apocalipsis, Dios se revela como el Pastor de Israel (Salmo 80:1).
Jesús afirmó Su misión con estas palabras:
“Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.” — Juan 10:11
“No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.” — Mateo 15:24
Amar a Jesús, entonces, también significa reconocerlo como el Pastor de Israel. Él lloró por Jerusalén, mostrando el amor que persiste incluso frente al rechazo. El cristiano maduro debe reflejar ese mismo amor fiel hacia el pueblo del pacto.
PELIGRO DEL RECHAZO A ISRAEL
A lo largo de la historia, la Iglesia ha herido a Israel con la teología del reemplazo, negando su llamado. Pero rechazar a Israel es oponerse al plan de Dios, porque:
• Las naciones que bendicen a Israel son bendecidas (Génesis 12:3).
• Quienes se levantan contra Israel, se opone al Pacto incondicional que Dios
ha establecido con ellos.
• Es una estrategia del enemigo para desacreditar las promesas de Dios.
La Escritura es clara:
“¿Ha desechado Dios a su pueblo? ¡De ninguna manera!” — Romanos 11:1
Israel es la raíz del Evangelio:
“Tú, siendo olivo silvestre, fuiste injertado en el olivo natural.” — Romanos 11
La Iglesia no reemplaza a Israel; se injerta en su raíz. Si corta esa conexión, pierdeidentidad, nutrición espiritual y propósito.
ROL PROFÉTICO DE LA IGLESIA HACIA ISRAEL
Romanos 11 revela un misterio:
Israel experimenta un endurecimiento parcial “hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles”, y entonces “todo Israel será salvo” (Romanos 11:25–26).
Mientras tanto, la Iglesia tiene un rol profético:
• Provocar a celos a Israel, no con soberbia, sino con amor y humildad
(Romanos 11:11).
• Sanar la herida del rechazo.
• Restaurar el puente entre la Iglesia y el pueblo del pacto.
LLAMADO PRESENTE DE LA IGLESIA HACIA
ISRAEL
Amar a Israel sigue el modelo de Cristo:
1.Humildad — Reconocer que la salvación vino de los judíos (Juan 4:22).
2.Gratitud — Honrar las raíces que nos dieron la Biblia, los profetas y al
Mesías.
3.Esperanza — Orar por la restauración espiritual de Israel (Romanos 11:26).
4.Obediencia — Cumplir el mandato: “Consolad a mi pueblo” (Isaías 40:1).
Y el Espíritu Santo nos llama a la intercesión profética:
“Sobre tus muros, oh Jerusalén, he puesto centinelas… no descansarán hasta que
establezca a Jerusalén y la ponga por alabanza en la tierra.” — Isaías 62:6–7
Por tanto, somos llamados a:
• Velar por Jerusalén.
• Orar por su redención.
• Bendecir a su pueblo.
• Esperar activamente el regreso del Mesías.
Cuando la Iglesia abraza este llamado, se convierte en una voz profética en
medio de las naciones, alineada con el propósito eterno de Dios.
CONCLUSIÓN
Amar a Jesús sin amar a Israel es una contradicción del corazón del Evangelio. Toda la Escritura cuenta una historia unificada de redención entre Israel y las naciones, desde Abraham hasta la Nueva Jerusalén.
“Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios.” — Rut 1:16
“¿Qué veréis en la sulamita?
Algo como la reunión de dos campamentos.” — Cantares 6:13
“Habrá un rebaño y un pastor.” — Juan 10:16
“Y vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén… He aquí el tabernáculo de Dios con los
hombres.” — Apocalipsis 21:1–6
Cada cristiano que ama e intercede por Israel junto al Espíritu Santo está
proclamando con su vida:
“¡Ven, Señor Jesús!”
(Apocalipsis 22:20)
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